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/ 28 septiembre 2021

Adiós a las noches de rock y copas en el Garaje Hermético

Adiós a las noches de rock y copas en el Garaje Hermético

El mítico garito del Barrio Prosperidad, el Garaje Hermético, ha cerrado sus puertas tras décadas de rock y copas. Desde hace años se especulaba sobre el final del Garaje, sin embargo, los dueños del bar rockero más antiguo de Madrid lucharon contra viento y marea a la pandemia hasta hace apenas unos días.

Hace 40 años, cuando España cerraba la puerta al franquismo, surgió en Madrid un fenómeno artístico social que tardó muy poco en adoptar el nombre de Movida Madrileña. El conocido Rastro de Madrid, en el barrio de la Latina, era el lugar en el que la gente se conocía, adquiría discos, se enteraba de los conciertos de la ciudad…

Fuente: Chema Conesa

Por aquel entonces, La Prope fue la zona cero de la movida madrileña y, sobre todo, la calle Eugenio Salazar, donde al final de la cuesta se encontraba El Garaje Hermético. Una arteria principal, con una acogedora infraestructura de bares entrañables y disco-bares ruidosos.

Un miércoles de mayo de 1983 se inauguraba el conocido local cuyo nombre rendía homenaje al comic de Moebius, que transcurría sobre un asteroide en el que se superponían varios mundos.

Y es que los chavales que crecieron en La Prospe, en los sesenta y setenta fueron exploradores de los descampados de la zona. Un territorio híbrido entre el campo que huía y la ciudad que intentaba crecer y seguir creciendo. Buscaba convertir sus campos de juegos en hormigón y ladrillo.

Fuente: Jesús Alcaraz

El Garaje Hermético rompió con la tradición

En 1990, en el periódico El País, se podía leer: «Tan sonada debió de ser aquella inauguración que, siete años después, el Garaje Hermético sigue celebrando una pequeña fiesta cada miércoles. La versión madrileña del happy hour inventado por los norteamericanos».

Un lugar característico por su billar y su Jaguar ST del 56, el cual retiraron hace apenas unos días ante la expectación de numerosos clientes de toda la vida.

Con el suelo de acoquines de calle y una larga barra así como otros recovecos en los que se hicieron y deshicieron parejas y amores. El lugar donde los jóvenes acumulaban noches, risas, copas, amistades y besos.

Fuente: Sato in Madrid

“En los baños, las tertulias imprevistas y el ejercicio pactado del amor eran tan vibrantes como las confesiones y las risas alrededor del billar”, escribe el columnista Antonio Lucas, en El Mundo.

«Acercarse al garaje es algo más que salir de copas por Madrid, es adentrarte en un espacio mágico donde el tiempo se escapa entre partidas de billar desenfadadas, conversaciones a lo largo de su kilométrica barra, y temazos de rock psicodélico, ska y punk«, escribía uno de sus clientes habituales.

Un lugar que deja un hueco en el corazón de muchos madrileños y no tan madrileños. Un local que cierra sus puertas pero guardará en su interior todos los buenos momentos que pasaron dentro de él.



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