Álex Barros empezó compaginando su carrera de artista con proyectos como creativos. Hasta que finalmente, hace algo más de dos años, instaló su estudio Arte Para Todos en el barrio Prosperidad.

Su manera personal de entender la pintura se ha convertido en una pequeña escuela en la que genera y enseña su actividad. Concibe el arte de pintar como un fluir de color y forma, cuerpo y mente.

Alex cree que el arte ha perdido la accesibilidad y naturalidad. “Poder preguntar al creador por el proceso, sus obras, sus inquietudes… me parece un intercambio enriquecedor en ambas direcciones”, cuenta. Por eso, en su pequeño estudio de la calle Sánchez Pacheco, muy cerca del Auditorio Nacional, apuesta por estar cerca del público. Una cercanía que siente que la gente valora mucha, y que al final, acaba generando un interés y una conexión humana y personal.

Lo que diferencia este espacio singular es algo poco habitual en un estudio, y es que ese estudio del artista esté abierto al público. “Desde la calle puedes ver si estoy trabajando en algo nuevo, dando clase o preparando una exposición. Para mí se ha convertido en una manera propia de generar un acercamiento natural del público al arte”, continúa Alex.

Las clases que ofrece Barros son especiales debido a lo personalizadas que son, un máximo de 3 alumnos por grupos y donde su proceso creativo lo impone uno mismo. “Cada uno lleva el propio proceso a su ritmo, no es necesario saber pintar o dibujar para asistir a estas clases”, explica Alex. En cuanto a la edad para comenzar o retomar la pintura es muy amplia, y así lo explica el nombre del estudio Arte Para Todos. Ya que se puede empezar de cero o sabiendo, la edad de los alumnos varía desde los 6 años a los 75, nunca supone un problema cuando se tienen ganas de aprender.

Además, en septiembre comenzará con un nuevo curso para traer ilusión en estos tiempos difíciles.