Mario Benedetti
Inauguración de los Jardines de Mario Benedetti en 2015

La plaza se encuentra alrededor de las calles de Santa Rita y de Ramos Carrión, un lugar lleno de árboles en el que pervive la memoria del poeta y que lleva, por decisión del municipio, el nombre de plaza de Mario Benedetti. Se encuentra en el mismo corazón del barrio de Prosperidad.

La casa que el poeta tenía en esta dirección fue uno de los destierros que vivió en España y en otros países y siempre la recordó con gratitud. Es un lugar perfecto para que jueguen los niños. Chus Visor (su editor de poesía) y Benjamín Prado, poeta que le visitaba asiduamente, aseguran que a él le hubiera gustado que esta plaza llevara su nombre.

En este domicilio madrileño vivió con su esposa, Luz López Alegre, hasta que la mala salud les hizo volver a Montevideo. Luz tenía graves problemas de memoria, así que regresaron juntos; Mario lo llamó “desexilio”. Aquí dejó muchas de sus pertenencias y esa casa en cuya portería aún se conserva la tarjeta que los recuerda.

“Cuando la gente es bien educada el recuerdo que dejan es muy hermoso”

En la portería trabajaba Juanita González, que se encargaba del edificio mientras Benedetti lo habitó; era una mujer extremeña que llevaba más de 30 años trabajando en el inmueble y que aseguraba que “cuando la gente es bien educada el recuerdo que dejan es muy hermoso”. Asegura que Mario le regalaba libros, que ella fue repartiendo entre sus parientes, y le dejó, sobre todo, el ejemplo de una austeridad caballerosa que también es memorable para Benjamín Prado.

El editor recuerda las tardes de fútbol, las conversaciones susurradas por un asmático fervoroso del Nacional y del mejor fútbol, pues Benedetti fue siempre un profundo admirador de este deporte. Prado también señala que lo que más lo distinguía era la humildad. La casa era humilde, las costumbres modestas, y a pesar de que en los últimos años de su vida los derechos de autor le permitieron mantener una economía saneada, siguió manteniendo ante el gasto, la contención de un contable.

La casa de Mario Benedetti en Madrid

Benedetti decía que la casa de Madrid se parecía a la de Montevideo: muebles similares, despachos similares, iguales estanterías. Chus Visor recuerda “la mecedora en la que se sentaba para recibir a las visitas o para ver la tele, el despacho que miraba a la plaza y en el que escribía sus poemas, sus haikus, sus novelas…”.

Le gustaba mirar a la plaza, pero sólo la cruzaba cuando iba a comer a un Vips cercano, “siempre a la una de la tarde, siempre a la misma hora, y siempre para comer lo mismo; y siempre para tomarse luego un helado de vainilla que no llevara ni rastro de almendra…”.

Apreciaba la vida apacible de la plaza, pero no siempre lo era. Juanita recordaba que hace años atracaron a Mario; había ido a un banco cercano, antes de un viaje a Uruguay. Una pareja de ladrones bien trajeados, le siguieron durante toda la operación bancaria, hasta que Benedetti volvió a su propio portal y se dispuso a abordar el ascensor. Entonces, aquel caballero que escribía poemas y era más puntual que los relojes les cedió el paso, creyéndolos de buena ley.

Cuando llegaron al ascensor, abofetearon a Mario, le quitaron “todo lo que había sacado del banco”, dice Juanita, y luego lo abandonaron en el rellano, huyendo a la carrera. A él, que era asmático, le dio un ahogo fatal, pero cuando se recuperó le dijo a Chus, su amigo: “¡Pero les di una trompada!. Quizá este, fue el peor recuerdo de sus años tranquilos en el exilio que pasó en la que ahora es la plaza que lleva su nombre.